La Habana

El camino hacia la paz no ha sido fácil para los colombianos. Según la guía periodística Las Coordenadas del Posconflicto se han realizado aproximadamente 17 intentos de acuerdos de paz con las diferentes guerrillas y grupos insurgentes, que han dejado como resultado el desarme, desmovilización y reintegración de excombatientes. Por esta razón, bajo las disposiciones del expresidente Juan Manuel Santos, desde el año 2011, se emprendió un nuevo camino hacia la reconciliación con una de las guerrillas más antiguas de Colombia. Las Farc y el gobierno nuevamente compartieron una mesa de discusión para ponerle un alto definitivo a la guerra. 

 

Estas negociaciones se desarrollaron, en un primer momento, mediante una reforma constitucional llamada ‘Nuevo marco legal para la paz’, el cual se diseñó para  definir los alcances de la justicia transicional y facilitar la resolución total del conflicto.

En segundo lugar, el 10 de junio del mismo año, Juan Manuel Santos dio a conocer que el diálogo con las Farc era un proceso en desarrollo. De esta manera, el 4 de septiembre de 2012 comenzaría el proceso de paz entre el gobierno y las Farc-EP, luego de varias reuniones exploratorias en La Habana, Cuba, y la firma de la posterior hoja de ruta que encaminaría al proceso a su segunda fase con los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes y la compañía de delegados de Chile y Venezuela.

En aquellas mesas se discutieron y firmaron seis puntos: Reforma Rural Integral, según el primer punto del Acuerdo de Paz (2016), Participación Política: Apertura democrática para construir la paz’, según el segundo punto, ‘Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas’, según el tercer punto, en el cual también se incluye: ‘Reincorporación de las Farc-EP a la vida civil - en los económico, lo social y lo político - de acuerdo con sus intereses’ y ‘Garantías de seguridad y lucha contras las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores y defensoras de 

Conflicto armado con las Farc, ¿cómo lo definen?

Cubrimiento de un sueño nacional llamado paz

derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz’, ‘Solución al Problemas de las Drogas Ilícitas’, según el cuarto punto, ‘Víctimas’, según el quinto punto del Acuerdo de Paz y finalmente ‘Mecanismos de implementación y verificación’, según el sexto punto del Acuerdo de Paz.

Los medios de comunicación no fueron ajenos al proceso. El rol desarrollado por diversos periodistas fue clave para la difusión, análisis y aplicación de las diferentes estructuras y dimensiones políticas y sociales a los que se ve expuesto un acuerdo que va encaminado a la transformación de un país. Una labor periodística que, hasta el día de hoy, busca esclarecer, explicar y mantener al margen el apropiado tratamiento del proceso. 

 

De este modo, Gloria Castrillón y Bibiana Mercado se enfrentaban de nuevo al cubrimiento de un diálogo de paz. Esta vez sería con otras perspectivas y mayor cautela, diferente a los días que cubrieron en la zona de distensión a finales de 1990.  

Foto: redes sociales Gloria Castrillón.

 

Por: redacción 'Así lo vivimos'.

La definición del conflicto armado se ha tergiversado y ha buscado diferentes maneras de explicarse para comprender lo que realmente es. Aún existen muchas especulaciones y conceptos que lo han hecho ver solo como una expresión armada, sin embargo, Bibiana Mercado, coordinadora de objetivo de la Comisión de la Verdad y docente de la Pontificia Universidad Javeriana durante 17 años de la cátedra: Análisis de Conflicto, lo entiende como: 

Es un conflicto doloroso, violento (...). Los que más sufren con el conflicto son los menos favorecidos, los más vulnerables, los que están más desprotegidos por la política pública, los que tienen una presencia del Estado solamente a través de Fuerza Pública, a los que les llega el estado bienestar del Estado”.

“La expresión de una serie de conflictos que nunca han tenido trámite democrático en la sociedad. Es la expresión más dolorosa, porque produce víctimas, produce muertes, produce personas con discapacidad, lisiados, huérfanos, madres sin familia, madres que pierden sus hijos, madres cabeza de familia, desplazados. 

Desde su visión como Comisionada entiende al conflicto desde una perspectiva humana, donde son las víctimas los verdaderos rostros del conflicto y de la paz. 

La periodista Gloria Castrillón, quien ha trabajado con el conflicto armado hace más de 20 años y además cubrió los diálogos de paz en el Caguánpara el periódico El Espectador distingue que a pesar de que el actual acuerdo de paz trajo consigo una potencial solución con respecto a un actor armado, que ha acentuado tanto tiempo la violencia como las Farc, al país le quedan todavía varios asuntos pendientes por resolver, y a los que se les debe dar lugar también. "Lo que se ha comprobado después de la firma del acuerdo, es que no era cierto lo que nos habían dicho durante muchos años: que el único problema que teníamos en Colombia eran las Farc".

Comienza la comunicación del gobierno y periodistas: lo que sucede en La Habana, no sucede en Colombia

El proceso de paz se desarrolló en un lugar de complejo acceso como lo fue La Habana. Gloria cuenta que los periodistas necesitaban comprar un permiso especial, no asegurado para viajar a Cuba, además, el sostenimiento en la capital cubana no era económico y las entrevistas tampoco eran fáciles de pactar. Por otra parte, el Gobierno y las Farc habían acordado un "silencio absoluto" durante las negociaciones. Cosa que no se cumplió, reconoce Gloria, pero que funcionó para generar unas rutinas con las que se desarrollara la negociación sin afectarla directamente. 

 

El sitio establecido para discutir el acuerdo era un centro de convenciones que quedaba a las afueras de la ciudad. En el complejo Palco - hotel y centro de convenciones- se desarrollaron a puerta cerrada las reuniones entre los invitados del gobierno, asesores, delegaciones internacionales, de víctimas o representantes de sociedad civil autorizados por el Gobierno y la guerrilla. 

“Yo fui un par de veces, pero lo que decidimos en ese momento en El Espectador fue: lo que sucede en La Habana no es lo que está sucediendo en Colombia, o sea lo que sucede allá es una negociación a la cual no tenemos mucho acceso, salen estos señores de vez en cuando a hablar en un atril ¿qué está pasando en Colombia? Y empezamos a volcar la mirada hacia Colombia y por eso nació Colombia 2020”, explica Gloria al hablar del proyecto editorial que emprendió El Espectador, para reseñar lo ocurrido con las negociaciones, los acuerdos logrado y la implementación de los mismos.

Los actos protocolarios con la prensa que se llevaron durante los días que hubo negociación consistían en que a las afueras, 

“a veces en la puerta trasera”, del centro de convenciones las Farc leían, casi diariamente, un documento con información adicional que, según Gloria, “ no tenía nada que ver con lo que pasaba en la mesa”. Esas declaraciones eran las que tomaban y difundían los medios de comunicación, pero que dejaba en cuestionamiento las verdaderas temáticas que se trataban. Esta situación suponía un reto para el cubrimiento de las acuerdos, en esta ocasión fue el análisis la manera más puntual para tener información, incluso antes de dar por cerrada la negociación se conocieron los tres primeros puntos, luego el quinto, también “mucho análisis sobre qué significaba que estuvieran, por ejemplo, militares en la mesa, la negociación de cese al fuego qué significaba”, además, mantener a la expectativa entre un grupo armado que lleva más de 50 años activo y con un “Estado que también ha perpetrado, crímenes graves, crímenes de lesa humanidad”.

En concordancia con los interrogantes que se generaban alrededor del tratamiento de la información por parte del Gobierno, nace Colombia 2020, como una respuesta a lo que “estaba sucediendo en los territorios, ver las historias de construcción de paz, ver a todas las comunidades de esas zonas donde las Farc estaban en ese momento presente y en algún momento se tenía la expectativa de que se iban a desarmar”, reflexiona Gloria frente a su ejercicio realizado en San Vicente del Caguán con la Unidad de Paz de El Espectador; que tenía como objetivo revisar errores pasados al cubrir conflicto, manejar con cautela el uso lenguaje, enfoques, imágenes, formas de titular e historias. Y finalmente, cuando se conoció el Acuerdo completo pudieron hacer un análisis exhaustivo del documento y conocer todas las dimensiones que no se había conocido durante las mesas de diálogo. 

 

De las mesas del Caguán a La Habana

Gloria Castrillón tenía la ventaja de conocer a los negociadores de La Habana por su experiencia en los diálogos en San Vicente del Caguán, por lo que las entrevistas pactadas eran rápidas, iba a lo que iba: “Hacia lo que tenía que hacer me demoraba cuatro, cinco días tal vez seis días y me venía, tenía mucho material uno lo mandaba desde allá cuando era muy urgente y el resto del material lo trabajaba Bogotá”. Esta experiencia, muy lejana a lo que fue cubrir los diálogos dentro del país, le permitieron crear unas dinámicas periodísticas diferentes, entre el ir y venir de un alto costo, fueron pocos los medios los que pudieron realizar un cubrimiento constante. La media hora de internet tenía un costo de diez dólares y esa media hora no era suficiente: “La conexión era tan lenta que no pasaba una foto, solo pasaba texto y eso que se demoraba muchísimo, (...) en unas condiciones dificilísimas y no sueñen con hacer una llamada a Colombia, porque es venenoso (...) tratar de llamar de La Habana a Colombia desde un hotel vale muchísimo dinero o sea era imposible hacer una llamada o sea eso se salía como para editar una nota”. Mientras que en el Caguán las noticias se dictaban por un teléfono análogo, en la sede que el Gobierno había creado para los diálogos, “ahí teníamos unos teléfonos gratuitos fijos pero había, sí recuerdo, cuatro o cinco teléfonos para todos los periodistas que estábamos allá”, en algunas ocasiones podían acceder a los fax, cuando algún funcionario del Gobierno o un miembro de las Farc los prestaba, pero con la condición de enviar algún comunicado; las agencias internacionales contaban con teléfono satelital, al igual que EL TIEMPO.

La producción de noticias tampoco daba espera y, años después, la ‘chiva’ o primicia, se convertía nuevamente en un factor que generaba tensiones entre colegas, la ‘chiva’ fue una de esas 

Una mirada distinta: el proceso a través del trabajo de Bibiana

acciones que impulsaron a los periodistas a tener activos los sentidos todo el tiempo. Durante los diálogos en el Caguán fue un factor activo y, a pesar de que pudo ser contraproducente “no voy a decir que por culpa nuestra se acabaron los diálogos no, esos diálogos nacieron mal y luego la historia nos vino a corroborar que no iban para ningún lado”, explica Gloria, fue un aprendizaje que ayudó a que la construcción de los diálogos en La Habana tuvieran un cobertura distinta. Sin embargo, “(...) lo que sí creo es que ahí se demostró que los periodistas debemos estar lejos de las mesas de negociación, realmente las partes tienen que hablar lo que tienen que hablar con la mayor cantidad de tranquilidad, nosotros somos un distractor”.

Incluso en las negociaciones en la Habana, Gloria enfatiza en su posición frente a la prensa:

“Creo que lo más sano hoy, estoy completamente convencida, es que los medios no supiéramos qué pasaba en la mesa. Eso era lo mejor, así debió ser porque si no hubiéramos filtrado y dicho cosas que pudieron afectar la negociación, entonces creo que así era como debía hacerse, que si vienen los chismes de corrillo o las revelaciones (...) que vengan después, cuando ya no afectan a ninguna de las partes, no afecta la posibilidad de firmar un acuerdo”.

El Acuerdo final enfatiza la priorización de las víctimas como los verdaderos protagonistas del conflicto, quienes se han visto afectados por ambas partes negociantes, desprotegidas desde las políticas públicas, la presencia del Estado a través de la Fuerza Pública y la violencia innegable por parte de las Farc, así que, a diferencia de lo que se tuvo en cuenta en el Caguán, en La Habana el quinto punto de los Acuerdos favorece a las víctimas, de modo que se pueda asegurar su reparación y dignificación como seres humanos. Bibiana como Comisionada: “Comprender que a las víctimas poco se les aborda desde sus realidades, o no son siempre escuchadas en su totalidad”, por ello considera que es importante que el periodista, aunque posea una fuente oficial, tome por indispensable también las otras versiones de las historias. Son las vivencias de las víctimas las que esclarecen varios acontecimientos, teniendo en cuenta que son la población más afectada y vulnerada por el conflicto armado, por ello, insiste en que en la labor periodística predomine preguntarles, “¿qué es lo que ustedes están considerando que está pasando?”.

En las últimas ocasiones que fue como periodista a la cobertura del conflicto “yo estaba asqueada de todos los discursos justificatorios que hacían de la guerra y la verdad comencé como a trabajar mucho con las organizaciones y con las víctimas y a tratar de publicar muchísimo más la voz de organizaciones y de víctimas y a cubrir muy poco y dedicarles muy poco, después de haberles publicado mucho a estos señores”, cuenta Bibiana. 

Al haber presenciado la construcción de este proceso, no solo mediante un acercamiento periodístico, sino también académico, desde las aulas universitarias ha realizado un análisis a profundidad sobre las dinámicas de la violencia. Además, desde la Comisión de la Verdad  hace un acompañamiento a las

víctimas y cumple con la función que tiene el periodista un enfoque completamente social. 

En el desarrollo de su labor, aunque las víctimas no se vean incluidas en la agenda periodística, se puede ser mediador de varias voces y entender los factores en los que se desarrollan diversos acontecimientos que le afecten “quién se está beneficiando de eso que le está pasando, quién, quiénes, qué estructura se beneficia, por qué sucede eso, por qué el desplazamiento se da en ciertos lugares en otros no, qué es lo que cuando sucede un desplazamiento qué es lo que sucede con esas tierras, qué es lo que sucede con esas viviendas, quién se beneficia aparte del que propiamente empujó y arrinconó a esas víctimas”.

Un proceso que continúa

 

Hoy por hoy, el proceso de paz continúa, y su vigencia va ligada por los retos que le sobreponen los seis puntos acordados. Desde su firma en 2016, se han apreciado vaivenes con respecto a los actores mediadores de esta negociación, y sus convicciones y propósitos se han visto expuestos a situaciones cuestionables, tanto de parte del Gobierno, como de las Farc. Actualmente se encuentra el compromiso en medio de la incertidumbre, y con el cambio de Gobierno que posicionó a Iván Duque Márquez como presidente a partir de 2018, el país está a la expectativa debido a las amenazas que su partido político, Centro Democrático, ha realizado en contra del proceso, por ejemplo, las declaraciones del exministro Fernando Londoño, exdirector del partido, quien en el 2017 amenazó con “hacer trizas ese maldito papel”, refiriéndose a los Acuerdos de Paz con las Farc-EP.

Aunque en Colombia han existido varios intentos por negociar la paz, Gloria asegura que los diálogos de La Habana fueron la mejor decisión. Por supuesto, existen elementos de los que se deben desprender un análisis minucioso. El trabajo de entidades como la Comisión de la Verdad, el tribunal de Justicia Especial para la Paz y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas es el que hace posible una adaptación adecuada del proceso en la sociedad colombiana, así como la observación constante de su desarrollo, y la aplicación del mismo. A pesar de los posibles detractores que puedan aparecer, estos últimos años han sido una oportunidad para que los diferentes actores en

medio de las negociaciones reflexionen acerca de los retos que quedan y las discusiones que se deben presentar. “Yo creo que ahora lo que nos queda es que veamos el acuerdo como una oportunidad para cambiar lo que ha mantenido las estructuras armadas en este país”, cambiarlas. Y eso pasa por ampliar nuestra mirada de qué es lo que le pasa a este país. ¿Qué es lo que le impide ser un país en donde no hay expresiones armadas? ¿Qué es lo que está pendiente por discutir en este país, y cuáles son esas agendas periodísticas?” concluye Bibiana.

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