La primera portada

Por: Sandra Yaneth Mejía Sepúlveda.

“Todo el periódico te está esperando”

                                                                       fue lo que escuchó Liliana mientras seguía aturdida por el momento. Había vuelto en sí; recordaba de nuevo cómo hablar. No tenía ni idea de cómo habían salido esas fotos o si el foco había funcionado. Solo podía pedirle a Dios que todo saliese bien, ya que esa podía ser su entrada directa al periódico EL TIEMPO o su prueba fallida. Ese día había recibido órdenes claras de uno de los fotógrafos “vas a hacer guardia. Vas a estar toda la noche allá. Mañana por la mañana llega otro reportero y te releva”. Era 19 de julio de 1988, y a Álvaro Gómez Hurtado, dirigente del Partido Conservador, lo iban a liberar cerca de su casa después de haber sido secuestrado por el grupo guerrillero M-19, unos meses antes. Esa noche fría, Liliana compartía charlas informales y pequeños tragos de licor con varios de sus colegas. Con cobijas sobre  los hombros, calentaban sus gargantas y evitaban, de manera efímera, que pudieran "morirse" de frío. Esa noche no hubo rastro de Gómez Hurtado. Al siguiente día, llegó al lugar otro fotógrafo que reemplazaría a Liliana. Para ella, en su mente, su jornada había terminado y ahora podría descansar. Era 20 de julio, no solo la conmemoración de la Independencia de Colombia, sino que se instalaba el Congreso de la República y se informaba públicamente la liberación del líder conservador.

 

A eso de las tres de la tarde, volvió a llamar a Liliana su jefe para decirle que tendría que volver a salir: “ 'Mona', esta noche también le toca”. Estaba asustada, pero sabía que no podía perder la oportunidad. Le informaron que la recogerían a las cinco de la tarde, y cuando marcó el reloj, ya había en su casa un conductor de EL TIEMPO. Era la primera vez que todos ejercían su labor, el conductor, el periodista y la misma Liliana. Estaban los tres a la expectativa. Todos en periodo de prueba. ‘La Mona’ 

comenzó a alistar sus cámaras, análogas, llevaba una de color y otra de blanco y negro que colgó en cada hombro. Probaba sus flash, los prendía y apagaba repetitivamente. Verificaba que todo estuviese en orden. Cualquier fallo podía ser definitivo y ella no quería perder la oportunidad. Al llegar al lugar, sus compañeros comenzaron a invitarla a tomar trago, Liliana se negó: “No 

quiero. No me interesa. Yo voy a estar pendiente porque qué tal que aparezca este tipo y yo dizque tomando trago”, pensaba.  

 

Fue entonces cuando todos se fueron a comprar alcohol cuando la oportunidad se le puso de frente. Mientras sus compañeros casi

Foto: evento con Liliana Toro Adelsohn - Historia de Colombia en imágenes. Estudios Sociales de Colombia.

que desaparecían en una calle, apareció el Álvaro Gómez Hurtado que caminaba cerca de donde estaba ella. No sabe cómo, ni cuándo prendió el flash, pero tomó la primera foto. Le dio una

vuelta a unos carros y disparó la segunda foto. Ya las calles sabían que estaba pasando, la gente comenzó a verlo, y sus colegas periodistas comenzaron a bajar en medio del desorden, lo más rápido posible. Liliana necesitaba más fotos. Miró a su alrededor y captó una radiopatrulla. Como pudo, se colgó del techo de una casa y puso la mano en un muro que daba a la casa del político recién liberado. Sin pensarlo dos veces, saltó al otro lado  del muro  y entró a la casa justo cuando él también entraba. “La más berraca”, pensaba. Había prensa de todas partes, de medios nacionales e internacionales. Nadie pudo acercarse tanto como ella lo había hecho. Eran cinco fotos en total las que había hecho. Cinco fotos que serían un registro histórico. Minutos después, Álvaro Gómez se asoma a su ventana y saluda a la gente. Esas eran las únicas fotos que tenían los demás medios.

Liliana no lo podía creer. Estaba todavía muy nerviosa. Paralizada. No pudo hablar como por dos horas. Todo el mundo hablaba en desorden: “Mona, deme los rollos”, le gritaban una y otra vez. Cogió los rollos, se los entregó al conductor y le dio la orden de ir lo más rápido posible al periódico y entregarlos para revelarlos. Unas horas después, una de sus colegas le dijo: “ 'Mona', tú eres una berraca, tú eres una dura. Primera página, segunda página, tercera página. Todo el periódico te está esperando”. No sabía nada; no entendía nada. En su mente solo había preguntas sobre el estado de los rollos, sobre qué pasaría con ella, sobre si lo había hecho bien, después de todo, entregó a Dios su destino. Todo el periódico la estaba esperando para felicitarla, entre ellos la familia Santos, que en ese momento eran los dueños. Asimismo, EL TIEMPO reconoció una de las fotos de Liliana como la foto del año. Esta hizo parte de una de las experiencias que le permitieron reconocer la importancia de su labor, “(...) yo pienso que el periodismo gráfico es lindo es por eso, porque tú tienes que estar ahí, porque tú eres testigo de las cosas que suceden en un país a todo nivel, a nivel político, económico, social, deportivo, todo. El reportero gráfico es un testigo ocular”.

Foto: archivo Liliana Toro.

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