'La chiva'

Por: Margarita Rosa Rojas Torres.

La reportería, la lectura del contexto, la técnica y los sentidos son algunas de las herramientas de un periodista. Los dos primeros, relacionados con los conceptos básicos que un profesional en periodismo debe conocer y los dos últimos asociados directamente a lo que reconocería Ryszard Kapuscinski como los cinco sentidos del periodista: ver, estar, oír, compartir y pensar. Fue este pensamiento el que conmovió a la periodista María Luisa Murillo, quien cubrió para el diario EL TIEMPO gran parte de las negociaciones de paz con las Farc desde 1998 hasta 2002 en la zona de distensión en Caquetá y Meta. Tanto ella como sus colegas estaban detrás de lo que dentro de la jerga periodística se conoce como ‘la chiva’, aquel término que hace referencia a una primicia o noticia de importancia; aquel que la posea asegura una delantera frente a los demás periodistas o medios de comunicación. 


Las miradas suelen enfocarse en una misma historia o personaje; aquello es innegable. Sin embargo, era aquella avidez y rapidez la que diferenciaba un periodista de otro en terreno. Los dos años y ocho meses que vivió María Luisa en San Vicente del Caguán le ayudaron a entender a profundidad, las razones por las cuales la famosa ‘chiva’ era un aspecto fundamental a la hora de informar. Pese a ello, adentrarse en las dinámicas de la chiva’ parecía casi que innato entre los periodistas que visitaron la zona de distensión en San Vicente del Caguán, algunos, más vivaces que otros, obtenían la información gracias a sus habilidades de persuasión y comunicación, otros, podrían basar su ejercicio en el despiste de sus colegas. 

 

“Son muchísimas anécdotas, la verdad la que no se me olvida es la de Antonio Caballero (de RCN Radio), que nosotros estábamos

haciendo el almuerzo, delicioso todo el grupo, y cuando lo vemos llegar todo feliz y encantado y dice: “Partida de imbéciles, mientras ustedes están comiendo yo los 'chivié' ”, (...) Para nosotros eso era un tema muy complicado, que se saliera un periodista, como yo también lo hice, me lograba huir del grupo que no me vieran para irme a hacer entrevistas”, cuenta María Luisa.

 

Los retos al momento de cubrir eran constantes, no solo se tenía que informar sobre las negociaciones de paz y los altos funcionarios del gobierno, sino sobre los actores que hacían parte de las Farc, y aquellos que indiscutiblemente se encontraban en medio del conflicto. En repetidas ocasiones, María Luisa hizo parte del grupo de periodistas que se escabulleron en medio de las inhóspitas carreteras y amplios terrenos para conseguir una noticia o hacer una entrevista antes que sus compañeros. Tenía método y astucia, le pedía al conductor que cuando viera un periodista acelerara para que nadie sospechara de su trabajo: “Era la dinámica allá en San Vicente del Caguán, el que va a buscar la noticia la va a buscar solo”. 

 

Sin embargo, no todo en el periodismo se trataba de obtener la primicia. María Luisa, en primer lugar, explica que “hay que conocer el tema, y en este caso era conocer el conflicto

colombiano entre una guerrilla”; su historia, cuántos procesos de paz se han llevado a cabo y por qué fallaron. “Hubo periodistas que no tenían ni idea de eso. Periodistas que pensaban que encontrar un guerrillero en una esquina montando guardia era la fuente de información, entonces empezaban a entrevistarlos”, explica.

Una de las anécdotas que recuerda con frecuencia es el anuncio del ‘Mono Jojoy’ sobre la presunta liberación de dos o tres miembros de la guerrilla de las Farc que hacían parte de las negociaciones con el gobierno: “Entonces eso era a las doce del día, pero a las diez de la mañana el ‘Mono Jojoy’ iba a una atención odontológica al municipio, y en ese momento pasaba un técnico de Caracol Radio por el sitio, y pasaba él con otra persona de la emisora del Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán. Entonces por supuesto que ellos lo vieron, no eran periodistas, pero el olfato de estar siempre rodeado de periodistas, los técnicos pues fueron y los buscaron y le preguntaron: “¿‘Mono’ qué tiene de noticias, qué hay?”, y entonces el ‘Mono’ de una vez les contó: “No, les voy a contar que ya establecimos la fecha, el horario y tenemos unos muchachos menores de edad para entregarlos al Gobierno”. Lo primero que pensó María Luisa fue que el técnico los había ‘chiviado’ a todos. “Yo me enteré porque él fue a llevarme la grabación a la casa donde yo vivía y me dijo: “Mire, yo entrevisté al ‘Mono Jojoy’ y ya lo pasamos por Caracol” y yo “Oh, Dios santo cómo así, ¡nos han 'chiviado'!”.

Así mismo, recuerda la vez que consiguió una chiva a través del portavoz Raúl Reyes y su colega y actual directora del periódico El Heraldo, Érika Fontalvo, la descubrió en camino hacia la entrevista: “(...) ella se dio cuenta y me llamaba y me llamaba pero yo dije “no le puedo dar nada de los avances de 'la chiva' porque mejor dicho me acaban en el periódico” y el periódico necesitaba abrir con ese tema”, cuenta entre risas. Finalmente, pasó de largo e hizo como si no hubiese visto a nadie. 

La periodista que vivió más tiempo en el Caguán aceptaba que su ejercicio estuvo permeado por diversos errores y aprendizajes que fortalecieron su visión de la guerra y paz en Colombia. Escribió varias crónicas, donde retrató la cotidianidad de sus habitantes, quienes después de reclamarle por qué no ponía el foco en ellos, decidió contar la primera comunión de los niños del municipio, tomar varias fotografías del lugar e incluso, conocer los rostros, simbologías, miedos y aspiraciones de aquel territorio que reclamaba paz.

“Tratar de buscar ‘la chiva’, porque ese fue uno de los aspectos que nosotros buscábamos por estar viviendo allá, en territorio, en el escenario de los diálogos, era cómo tratar de informar de la mejor manera, de tener algo diferente que no tuviera el colega de al lado”, reflexiona Murillo.

Sin embargo, 'chiviar' era casi un arte para los periodistas de esa época; tenían método y sabían que no podían mandar a sus respectivos medios de comunicación una noticia errónea o llana. Y cual profesional en la materia, debían seguir una serie de recomendaciones que terminaron impregnándose en su diario convivir: 

“Si es que queremos 'chiviar' no podemos correr con unos titulares que después no sean los mejores para apoyar o contribuir a un proceso, a una negociación, es decir una cantidad de elementos para nosotros los periodistas que son importantes abordarlos. Y hay que ser especialistas en el tema. Los periodistas ahora de este mundo de las tecnologías, somos periodistas integrales, pero también hay que tener en cuenta el lenguaje. No es lo

mismo ser responsables, cubrir un proceso de paz, que cubrir por ejemplo las noticias de Bogotá, o cubrir una noticia local de la ciudad donde estamos. Es muy diferente, o cubrir una noticia económica. Hay que tener especialidad en el tema”. Casi todos los corresponsales vivían en el mismo lugar, ubicado en la cabecera municipal San Vicente del Caguán. Algunos se pisaban los talones o simplemente trabajaban de manera individual. Aunque la competencia crecía conforme pasaban los días y era, finalmente, el primero que aprovechara la oportunidad: 

“Uno de los guerrilleros de las Farc secuestró un avión para venirse a Bogotá. Entonces nosotros cada uno estábamos en nuestra casa, cuando me llaman de Bogotá y me dicen “ qué es lo que pasó con el secuestro del avión” y me dicen “sí acaban de secuestrar un avión en San Vicente del Caguán” y yo “no pero cómo así, Dios mío” y claro, entonces por ese entonces, ya estábamos cada uno en sus casa, entonces yo salí corriendo a buscar al señor del carro que me llevara al aeropuerto a ver qué era lo que había pasado y efectivamente, ya todos estábamos llegando a mirar qué era lo que había pasado en el aeropuerto pero por supuesto ya no teníamos ninguna información, la información la tenía Bogotá (...) ya cuando llegamos al aeropuerto el avión había salido para Bogotá con el guerrillero que lo había secuestrado”. Fue un momento difícil para el trabajo que María Luisa realizaba en la zona, sin embargo, y pese a las diferencias y aquellas situaciones, todos los periodistas se reunían para hacer el almuerzo, la cena o pasar un rato agradable en el río. De este modo, podían soportar de mejor forma la quietud y soledad que sentían en el municipio. Y quizás, olvidarse por un momento del ir y venir que les esperaba al siguiente día.

Foto: archivo María Luisa Murillo.

Los tiempos en el periodismo han tomado un rumbo diferente en la actualidad, ahora parece que el ejercicio de ‘la chiva’ es criticado y catalogado como un síndrome. Algunos periodistas, como Germán Castro Caycedo para El Espectador, argumentan que es “la prostitución del periodismo colombiano”. No obstante, para María Luisa, el recuerdo de sus anécdotas la hace sonreír y le permite reflexionar constantemente acerca de su oficio. La preocupación por la primicia es algo que guardará en su memoria y compartirá nostálgicamente. 

De hecho, mediante la docencia universitaria ha razonado acerca de las falencias de la labor periodística y ha enseñado las buenas prácticas de un ejercicio ético, responsable y con sentido. 

“A veces lamento que ya casi no hay historia, yo siempre que estoy mirando el periódico, ya casi no hay historia, hay son noticias. No hay la crónica que es tan importante, no sé cuál será la situación, no sé si en una región tendrán emisoras que construyen historias o arman una crónica de un tema en particular, con un estudiante pilo, con la cultura indígena, no sé son todas esas historias que a veces son tan insignificantes que al periodista al sentarse a escribir se vuelven unas historias importantísimas”.

Foto: redes sociales María Luisa Murillo.

Para saber más de María Luisa Murillo:

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Voces del periodismo y ¿Qué es el conflicto armado?

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Los territorios que buscaron la paz

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