Los territorios que buscaron la paz

Zona de distensión y el Caguán

 

En el sur de Colombia se esconde lo que a finales de los años 90 se conoció como la zona de distensión, un territorio selvático cobijado con una colcha de retazos de tonalidades marrones y verdes, que no dejan despegar la mirada del diverso paisaje. Al entrar al Caguán, en el departamento del Caquetá, se encuentra un caserío grande de clima caliente. Es un municipio de aproximadamente 70.000 habitantes, en medio de rutas fluviales y gentes amables; un territorio difícil, de zonas apartadas, campesinas y trayectos largos. Las altas temperaturas y sobre todo la humedad hacen que los mosquitos y zancudos revoloteen por todas partes. Para desplazarse -‘coger carretera’-, es necesario usar botas pantaneras y estar preparado ante otras dificultades que, seguramente, no se asoman en la ciudad. 

Son cinco los municipios que hicieron parte de la zona de distensión cedida por el Gobierno colombiano a la guerrilla de las Farc para una negociación de paz. El expresidente Andrés Pastrana había declarado como zona de despeje a: San Vicente del Caguán, Caquetá y con ella, cedía acceso a otros municipios del Meta como: La Uribe, Mesetas, Vistahermosa y La Macarena.

El Caquetá ha sido un departamento constantemente afectado por el narcotráfico, los cultivos de coca y la violencia. Las Farc y el M-19 no fueron los únicos grupos armados que hicieron presencia activa en el lugar, las fuerzas militares por su parte, hicieron estragos y vulneraron los derechos de sus pobladores. Según informes del Cinep, “entre 1979 y 1982 fueron asesinados 144 campesinos y sometidos a torturas, detenciones arbitrarias y tratos crueles 240”. A mediados de los noventas, el candidato presidencial Andrés Pastrana manifestó su interés en establecer un diálogo con el grupo guerrillero de las Farc. Luego de su elección, en 1998, lanzó como propuesta en su programa de gobierno, el despeje de un territorio de 42.000 kilómetros cuadrados, equivalente al tamaño de Suiza, correspondiente a cinco municipios del Meta y Caquetá, para instalar allí una mesa de diálogo y negociación con las Farc.

En medio del proceso, numerosos medios de comunicación se sumergieron en el cubrimiento y, a través de sus enviados especiales y corresponsales, lograron abarcar los principales acontecimientos de las conversaciones. Las rutas de acceso eran limitadas: los aviones llegaban a la zona dos veces a la semana y las carreteras se componían de vías sin pavimentar, controladas por las bases guerrilleras. 

Así fue como arribaron las periodistas: María Luisa Murillo y Yanelda Jaimes a la zona de distensión. Ambas de diferentes medios de comunicación, pero con el propósito de cubrir los diálogos que prometían ser el inicio de una época de paz en Colombia.

Foto: archivo María Luisa Murillo.

María Luisa Murillo
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maría luisa murillo

'Manuel Marulanda'

El trabajo periodístico
de María Luisa y Yanelda

Desde el periódico EL TIEMPO, María Luisa Murillo fue una de las periodistas que se asentó en el Caguán durante dos años y ocho meses. Se adentró en un territorio desconocido y comenzó a buscar las diferentes noticias y sucesos para enviar a Bogotá. Tenía un computador, una grabadora, un teléfono satelital y una cámara fotográfica que la acompañaron hasta que se marchó de San Vicente del Caguán. Recorrió varios kilómetros y, así mismo, escribió noticias sobre los jefes de las Farc y sus comunicados. Cuando llegó a La Sombra, un corregimiento cocalero ubicado en el Caguán, a realizar un registro fotográfico del lugar, un guerrillero se acerca a interrogarla: “Me dice ‘¿usted quién es? ¿de dónde viene?’ y yo le digo ‘no pues yo vengo del periódico EL TIEMPO ”’ah, claro, cuando yo dije el periódico EL TIEMPO, de una vez dijeron ah, el periódico EL TIEMPO, es un periódico del Gobierno, es un periódico que está en contra nuestra”. María Luisa insistió en que solo iba a cubrir los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, a lo que le reprocharon y la llevaron junto con su conductor a unas carpas, retenida, hasta las cinco de la tarde, como sanción a pagar por no avisar de su llegada a la zona, no había permiso para el ingreso de ningún periodista. Así que durante ese tiempo se dedicó a observar lo que sucedía en ese lugar, era un caserío sin energía eléctrica, con una carretera destapada; tomó  fotografías de manera disimulada y en ese momento comienzó a descifrar las 

dinámicas del lugar en el que viviría los siguientes años. A partir de ese inconveniente no tuvo ningún reparo de la hora, sitio o condiciones climáticas o de seguridad; velaba siempre por el cumplimiento de sus deberes:

“De hecho, cuando hubo unas reuniones en el municipio de La Uribe, eso ya en el departamento del Meta, que había un evento grande de reinstalación del proceso de paz, yo salí a las diez de la noche por esa carretera, solamente con el conductor y llegamos como a la madrugada a La Uribe sin ningún problema”, cuenta María Luisa. Así mismo, dice que “aprendió y desaprendió” diversas cuestiones del oficio, se mantuvo actualizada en la historia de la guerra en Colombia y lograba mantener un buen desempeño en el periódico mediante su conocimiento del proceso. 

Por su parte, Yanelda Jaimes, desde Caracol Radio, estudió las temáticas de paz y conflicto desde un año antes. Siempre le gustó narrar y conocer historias. Fue durante esa época que también quedó embarazada. Para diciembre de 1998, Yanelda da luz a su hijo, y al mes siguiente, se instala la mesa de negociación que iba a dar inicio al Proceso de Paz, por lo que no asistiría al evento que terminaría siendo una ausencia histórica conocida como ‘La Silla Vacía’.

El comienzo de los diálogos: La Silla Vacía

En Uribe, Meta, el 7 de enero de 1999, Manuel Marulanda, ‘Tirofijo’, se ausentaría durante la ceremonia que daría inicio a los diálogos, ante un país expectante que era televidente del hecho. Yanelda, por su parte, a muchos kilómetros de allí se dedicaba a su hijo y recuerda que le daba seno  mientras veía la transmisición del acontecimiento, y tuvo en su mente todo tipo de dudas. No sabía hacia a dónde iría ese proceso luego de aquel acto. Por otra lado, María Luisa recuerda pensar que estaban a solo una firma para la paz, una paz que había comenzado con el pie izquierdo; que comenzó afectada por la ausencia de un personaje representativo de las Farc. Se dio cuenta que Marulanda sí estuvo en el lugar, pero jamás llegó a la mesa junto a Pastrana. Ella tenía varias preguntas, sobre todo acerca del carácter público del acontecimiento. “¿Era el momento oportuno justamente para hacerlo público, para hacerlo indirecto, para invitar a la comunidad internacional, para invitar a la sociedad civil de Colombia, para invitar a la población?” Tiempo después se daría cuenta que hubo errores de las dos partes, del Gobierno y la guerrilla, errores que hicieron un proceso débil y flaqueante. 

Eran dos periodistas los que se rotaban turnos junto a Yanelda, cada quince o diez días, para cubrir los diálogos. Se levantaban a las cuatro o cinco de la mañana, iban a cubrir la información a Los Pozos, y regresaban, por cuestiones de seguridad antes de que anocheciera, alrededor de las cinco de la tarde. El Caguán fue para Yanelda una nueva experiencia luego de haber trabajado tanto en la ciudad. Fue como estar en otra Colombia “los procesos eran diferentes, el tiempo no corre y los días son largos, el sol quema, la lluvia te mata porque cuando llueve uno dice que llueve como en la selva sin piedad, entonces eso no pasa en las ciudades y tu sientes que estás como en otra dimensión y en otro cuento”, recuerda.

Los Pozos: vivir en medio de la selva

Los Pozos se convirtió en el escenario principal de los diálogos. Se ubicaba a hora y media de San Vicente del Caguán. Fue una edificación, dividida por varios salones, elaborada específicamente para cubrir las reuniones desarrolladas durante la negociación en el Caguán. Obtuvo este nombre porque allí se realizaba un estudio relacionado con la extracción del petróleo. En ese sitio los periodistas iban a cubrir las noticias dadas por el grupo guerrillero o los demás actores implicados. 

María Luisa encontraría, a dos cuadras de distancia de Los Pozos, una historia sobre las pésimas condiciones que poseía una escuela: pupitres dañados, tejados ahuecados, con la tierra como único piso y con las consecuencias de un terreno azotado por la lluvia. Muchas personas, como varias de sus fuentes, dudaron de la credibilidad del asunto, sin embargo, ella dejó en claro su preocupación sobre un espacio tan indispensable para la educación, y finalmente, validaron la historia. Su interés por los habitantes de la zona comenzaría después de un reclamo que  

ellos mismos le hicieron al darse cuenta que nunca entrevistaban, ni hablaban con las personas que prestaron su territorio para la 

negociación. Así mismo, cuando María Luisa llegó al municipio recurrió al sacerdote, un actor importante para la comunidad que no representaba ninguna figura política, “no buscaba al alcalde, porque el alcalde es un actor político, y seguramente puede ser

 amigo como puede ser enemigo, entonces ya van a decir ‘ah, Maria Luisa es amiga del alcalde, entonces ella es esto, esto y esto’ ”, lo que le permitió en varias ocasiones resguardarse en un lugar neutro, un sitio tranquilo y seguro: la casa cural, que no hacía que resultara implicada o relacionada con alguien de la negociación, así fue sencillo ganarse a los pobladores del sitio e incluso a sus fuentes oficiales, era importante no mostrar vínculos con los actores involucrados en el proceso. “Es como un ABC de cómo cubrir el conflicto armado”, también, reconoce la importancia de comprender los lenguajes que se utilizan en el trabajo periodístico, en especial cuando se aborda el conflicto. “¿Cómo lo hicieron?, ¿cuáles fueron esos lenguajes?, ¿cuántos días lo hicieron en cubrimiento?, ¿qué están diciendo, qué dicen las autoridades?, o sea, ¿cuál es la labor del periodista en el cubrimiento del conflicto?”, todo para conocer cada una de las voces implicadas en una historia.

La ‘chiva’ como dinámica crucial

 

“A muerte”, esas son las palabras con las que describe Yanelda la forma en cómo conseguían las noticias y las entrevistas. La presión desde la sala de redacción en Bogotá era diaria para obtener en primicia todo lo que ocurría en la zona, los periodistas “vivíamos de quien pegaba primero”, así que era un trabajo obligatoriamente solitario y de madrugadas constantes, “yo me levantaba a las 5 de la mañana y yo tenía mi técnico que era mi conductor y me manejaba todos los equipos y yo le decía “James, mañana nos vamos a las 4 o nos vamos a las 5 de la mañana” . Era una competencia voraz entre colegas, las ‘chivas’ comenzaron a ser una cuestión de respeto entre ellos mismos, quien conseguía las mejores chivas y más rápido. Dice Yanelda: “Me iba sola y encontraba a Reyes o llegaban cartas de supervivencia de los soldados, yo quería tener la primicia o estábamos a punto de conocer una fecha de liberación de los soldados entonces todos nos matábamos entre sí, nos mirábamos y aquel. ‘el de RCN’, para donde va ”. “Vaya, James y averígüese ese dónde está”, la de Caracol cogió la cámara ¿para dónde va? Uno llegaba y llegaba sonriente”, se preguntaban: “¿Cómo te fue?” y respondían: “Súper bien”, aunque no tuvieran ninguna noticia. Cada vez que era ‘chiviada’ pensaba que la iban a echar, trataba de esconderse de los otros periodistas y desayunar sola para escaparse y conseguir algo. Recuerda una anécdota en la que EL TIEMPO tituló ‘La Farc se van para las ciudades’. Sus jefes la llamaron para llamarle la atención, ya que ella no había tenido la primicia de esa noticia “¿usted va al Caguán a dormir o qué?, ¿qué hace?, Mire, la chiviaron. Lleva quince días allá y ni una noticia”. Ella, junto con otros periodistas, esperaron ese día a que llegaran los carros de EL TIEMPO, decepcionados porque los habían chiviado y esperando si alguna nueva información salía. Un rato después se encontraron con ‘Mono Jojoy' riéndose del

asunto “ayer me puse de pendejo ahí a conversar y dije nos vamos a tomar las ciudades, dije por joder, y esta nena de EL TIEMPO fue y lo publicó”. La ‘chiva’ hizo que la labor periodística tuviera muchos errores en esta negociación, Yanelda comprendió que por el afán de la noticia los periodistas fueron utilizados en varias ocasiones y se convertían en: “el idiota útil de una fuente”. 

Ana Lucía Raffo, Gloria Castrillón, Bibiana Mercado, Marisol Gómez, Érika Fontalvo, Marta Martínez fueron otras periodistas que hicieron presencia en la zona. En esa medida, tanto Yanelda como María Luisa trabajaron solas en conocer a profundidad el territorio. Al final lo importante era aprender a vivir entre la competencia y las oportunidades que se presentaban ocasionalmente y como lo explica María Luisa: “Era tener unas fuentes de información para tener las noticias a la mano”.

La pregunta que reanudó el proceso

Hubo un momento en que las negociaciones se congelaron por dos meses debido al secuestro y asesinato de la ‘Cacica’, Consuelo Araújo Noguera, la Ministra de Cultura, a manos de las Farc en el año 2001, así que, el paisaje para reanudar los diálogos se veía borroso y lejano, a pesar de las disposiciones del Gobierno para cotinuar y las explicaciones que daba las Farc sobre el hecho. Además, desde el punto de vista de Yanelda: “Cuando ya empezaron a conocerse lo que eran las agendas y las conversaciones, uno veía que las Farc exigían y exigían y el gobierno trataba de dar y era muy indulgente, en esa medida, (...) Uno escuchaba a las partes y se veían tan radicalizadas y tan distantes entonces tú decías: bueno, ojalá, guardémonos la esperanza. Otra vez se volvían a reunir y empezaban a conversar y bueno, no paraban, o había un atentado, o volaban un puente, una estación de policía o mataban a un policía, entonces otra vez se paralizaba todo. Ya después como a los dos años, veían uno que estaban en lo mismo y en lo mismo y ahí uno pensaba que algo pasó”. No solo Yanelda pudo observar la disposición, María Luisa también hace alusión a la colaboración constante del Gobierno para brindar información, incluso en ese tiempo de congelamiento el Alto Comisionado, Camilo Gómez Alzate convocó a una rueda de prensa en ‘Villa Colombia’, para expresar la situación y las razones por las que se había dificultado reanudar los diálogos, también pidió a María Luisa apoyo mediante la formulación de la pregunta que daría la respuesta sobre la instalación de la mesa nuevamente, y aunque no recuerda la pregunta exacta, formula una parecida: “¿cuáles son las explicaciones que la guerrilla ha dado para dar una posibilidad de reanudar el proceso de paz? Algo así, entonces él dijo “nosotros tenemos esto, hemos descubierto esto”, entonces yo contra pregunté “¿entonces qué, sigue o el Gobierno tiene entre sus políticas seguir la investigación de la muerte de ‘La Cacica’ o ya hay una explicación certera o cuántos días dan? entonces fue cuando él dijo “no, se reanuda el proceso de paz”.

No solo existió un congelamiento, esto sucedió en varias ocasiones, porque el Gobierno no podía disponer, ni ceder frente a toda la presión que ejercía las Farc, continuaban los cilindros bomba, los secuestros y asesinatos, “en ese momento el arma de guerra de las Farc seguía explotando al país entonces, eso era lo

que se decía y tú tenías que confrontar” al Comisionado o a Raúl Reyes para saber qué era lo que estaba pasando, cuenta Yanelda. Sin embargo, lo más importante, las reclamaciones de los pobladores de la zona, para ellos afrontar esas etapas de congelamiento, “ellos se asustaban muchísimo porque decían: “Ahora qué va a pasar con nosotros. Van a decir que nosotros somos guerrilleros que estuvimos apoyando a la guerrilla por estar en ese territorio”, recuerda María Luisa, además, se sentían relegados por los medios y los actores de los diálogos, “nosotros nunca escribíamos el sentir de ellos, su cotidianidad, sus simbologías, sus miedos. Y nosotros no los teníamos como fuente principal de información, esa fue una de las reclamaciones que todo el tiempo nos hicieron hasta el final del proceso de paz. Muchos de ellos, cuando se acabó la fracasada negociación y se levantó la zona de distensión, lo que hicieron fue casi que salir de huida de su municipio para quedarse en otros lugares veredales de la región.

María Luisa Murillo

Foto: archivo María Luisa Murillo.

La relación con las Farc

Junto con el Gobierno, las Farc eran el foco principal de los diálogos, cumplieron con otros roles relevantes dentro de los cuatro años de negociación. Hacían parte de diversos especiales de radio que se difundieron en el municipio; cualquier persona podía llamar y aportar a la conversación. Además, vendían libros escritos por ellos mismos y otros ejemplares en tiendas ‘farianas’. Según María Luisa se trataba de conocer la historia de esa guerrilla; “cuántos procesos de paz con anterioridad se realizaron y que fueron fallidos” y tratar de entrevistar a varios negociadores de las Farc a pesar de que no siempre tenían las puertas abiertas. Sin embargo, “hubo periodistas que no tenían ni idea de eso” prosigue María Luisa, “periodistas que pensaban que encontrar un guerrillero en una esquina montando guardia era la fuente de información, entonces empezaban a entrevistarlos”.

 

Por otro lado, Yanelda conversaba mucho con los comisionados y guerrilleros. Recuerda que tuvo fuertes diálogos con varios negociadores de las Farc, entre ellos Raúl Reyes, Andrés París y Alfonso Cano. Conoció varias de sus miradas acerca del país, unas más radicales que otras. Confrontaba mucho a Reyes acerca del reclutamiento de menores, ya que él negaba tal hecho. Cuenta Yanelda que recuerda haber visto muchas madres que reclamaban, por medio de carteles, información acerca de sus hijos secuestrado. Muchas iban al Caguán a hablar con ellos para saber sobre el estado de sus hijos, “que les dieran pruebas de supervivencia, que les rebajaran el monto de lo que pedían. Eran millonadas y nosotros también les decíamos, ¿oiga, pero qué les pasa?, suelte ese niño, y ellos con uno no discutían, ellos sabían que uno estaba ahí porque tenía que estar, pero tampoco eran agresivos”. Para ella se trataba entonces de entender esas narrativas; esos lenguajes adecuados para abordar a los grupos armados, y mucho realizando una labor periodística.

El fin de los acuerdos

El fin de los acuerdos marcó un antes y después en Colombia. El 20 de febrero de 2002 Andrés Pastrana daba por terminadas las negociaciones con las Farc, las cuales fueron de falla en falla, desde las peticiones del grupo armado, en la que esperaban conseguir una reforma estructural completa del país, “lo que querían era sentar a ‘Tirofijo’ en el Palacio de Nariño y todos decían que entonces el ‘Mono Jojoy’ iba a ser el Ministro de Defensa, Cano el Ministro del Interior”. Se empezó de la manera que no era, además, según Indepaz, las negociaciones avanzaron en medio de la confrontación militar. El informe ¡Basta ya! indica que uno de los hechos violentos perpetrados por las Farc fue la masacre de la familia Turbay Cote, élite política Liberal del departamento del Caquetá, el 30 de diciembre del 2000 en la vía que conduce de Florencia a Puerto Rico. 

Otra de las acciones realizadas por el grupo guerrillero fue el forcejeo con el Batallón de Cazadores en San Vicente del Caguán, en noviembre de 1998. El informe ¡Basta ya! afirma que: “A esto se añadían las acciones violentas de las Farc en el nivel nacional y sus quejas sobre la falta de acciones de gobierno en el tema del paramilitarismo”. Así como la negación de las Farc para instalar una comisión de verificación sobre la zona desmilitarizada; el secuestro del periodista Guillermo ‘la chiva’ Cortés ejecutado en Choachí, Cundinamarca, en enero del 2000 y el paro armado en el Putumayo.

Cubrir una negociación de paz es estar expuesto a todo tipo de visiones acerca de lo que hace o no un periodista. Yanelda Jaimes reconoce que se hablaba mucho de la presencia de paramilitares en las fronteras de la zona de despeje, y estos actores armados vigilaban a varios periodistas. Había muchas versiones de la historia, muchos decían que la presencia constante de varios periodistas allá se debía al Síndrome de Estocolmo, conocido 

como un estado o trastorno psicológico en el que un individuo ha sido secuestrado, crea un vínculo afectivo con su victimario y se muestra condescendiente. Por ello, se podría llegar a generar un estigma en los periodistas a favor de los grupos armados. Yanelda no solía pasar la noche en campamentos, como lo hacían varios de sus colegas, y procuró tener mucho distanciamiento, tratando a estos grupos, al Gobierno y a los negociadores primordialmente como fuentes:

Estigma

Dentro de estos personajes se encuentra María Luisa, quien no dejó el país a pesar de la estigmatización que vivió. Además, fue protegida con medidas cautelares de la Organización de Estados Americanos (OEA) ”yo renuncie al periódico y me dediqué hacer otras cosas, entre otras como docente universitaria, entonces ya pasó a la historia, ya no existe”.

Lo que fue de este diálogo

“Hay que prepararse; eso lo dicen los protocolos. Eso está en los libros de los que hablan de paz, que negocian paz y todo lo que tu quieras, entonces yo hice como que en ese momento es así, canalicé toda mi actividad de tal 

suerte que cuando terminó el proceso no me sentí nunca amenazada como otros periodistas que tuvieron que pagar escoltas y que desafortunadamente fueron exiliados por diferentes motivos”.

 

La larga vivencia en el Caguán dejó no solo una experiencia en las periodistas, sino varias lecciones con relación a su labor. Yanelda terminó con un sentimiento de añoranza “ como una tusa –(..) y quedas mirando hacia atrás y queda una onda nostálgica de que no se pudo y ojalá el Gobierno que viene lo pueda hacer, ojalá esa guerrilla entienda que ese no es el camino… en fin”.

Cuando María Luisa regresó a Bogotá no solo reflexionó sobre el cambio de escenarios o de vestimenta, sino por las lecciones que deben aprender los periodistas, sobre todo en redacción, conocimiento detallado sobre el tema y manejo de fuentes. “Yo ya estaba tan acostumbrada al Caguán como a la cotidianidad. A estar alejada del ruido de la ciudad, a estar ausente del corre-corre, a estar ausente del maquillaje, a estar ausente como de muchas cosas, más bien ser un ermitaño”. Los diálogos en el Caguán fueron una de las tantas puertas que Colombia abrió a la paz, este mismo capítulo permitió que nueve años después se

Volver a Una guerra en

medio de la ciudad

estableciera un nuevo acuerdo con nuevas perspectivas de lo que sería la construcción de un país que vivió sumergido en la guerra durante toda su historia. Esta vez se dirigiría la mirada a un proceso que contaba con un referente y arsenal de aciertos y errores que no se repetirían nuevamente. Fue una lección política y, sobretodo, periodística: “Lo más importante que nosotros hemos tenido en ese momento es que estábamos viviendo el momento, el escenario, las circunstancias, (...) el poder tener la fuente de información de cerca y poder vivir ese escenario. El ruido de los pájaros, el olor, el escenario, todo eso es parte para construir una información”, donde fue importante conocer y reconocer la manera en que se debe intervenir en este tipo de procesos democráticos, la información que se debe brindar y hasta qué punto la mediatización de este afecta el rumbo de las decisiones, tanto para los negociadores, como para los colombianos anhelantes por la paz.

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Por: redacción 'Así lo vivimos'.