En 1992 Bibiana Mercado trabajaba para el periódico EL TIEMPO recién graduada y en medio de los intentos de un proceso de paz que había ido en declive, el de Caracas, en Venezuela, y el de Tlaxcala, en México, ella era una reportera que ya sabía lo que quería en el oficio. Durante ese tiempo “se habían roto completamente las comunicaciones con las Farc” y para 1993 le fue asignado el cubrimiento de este grupo guerrillero. Para esa época el uso del correo electrónico era frecuente y utilizaba este medio de comunicación con sus fuentes de las Farc, donde recibían constantemente comunicados a la sala de redacción por fax: “Entonces ahí nos llegaban comunicados (...), cuando la gente tenía el número telefónico del medio de comunicación, pues las guerrillas, los paramilitares y demás (...) eso era una tira larguísima (...) como una tira de esas con lo que uno limpia la cocina, esos papeles así como que no tienen fin, entonces cada uno llegaba e iba cortando una noticia, eso era para la sala de redacción de las secciones de Justicia, de Política o de Economía. Era una tira larga que nunca paraba, y nosotros regularmente íbamos allí y recorríamos e íbamos cortando lo que nos correspondía o había una persona encargada del telefax y distribuía a la sala de redacción lo que le correspondía”.

Cuando ya transcurría el año 1995, Bibiana tenía que cubrir las constantes masacres, según cuenta, que se produjeron en el

Urabá antioqueño a causa del conflicto armado, fue como enviada especial del periódico EL TIEMPO y acudía al cementerio, donde cubría todos los sepelios que se presentaron en esa época: “Eso eran treinta ó cuarenta personas, esto eran unos sepelios así en serie como los que están teniendo actualmente con lo del coronavirus en Europa, que eso era una cantidad de féretros a enterrar. Yo iba a los sepelios y en medio del dolor trataba de escuchar qué era lo que la gente estaba diciendo sobre lo que estaba sucediendo”. Hablaba con el comandante de la policía, con el  jefe de la brigada, que en esa época era Rito Alejo del Río y también con los paramilitares de la región, necesitaba conocer el punto de vista de ambos para saber qué estaba sucediendo. “ Los paramilitares estaban entrando muy fuerte” y a diferencia de los guerrilleros, ellos no necesitaban ser escuchados, ni dar a conocer lo que para ellos significaba lo que hacían y eran reacios a los periodistas, pero los pobladores estaban incómodos con la presencia paramilitar, sabían que querían sus tierras, que los iban a sacar para hacer megaproyectos, “cuando yo les escuchaba, no les entendía mucho pero yo decía, esta gente tiene paranoia, porque cómo así quién quiere venir a este lugar tan remoto, tan lejano, tan inhóspito, eso era muy precario, todas las condiciones de vida, quién quiere vivir en este momento, bueno no les entendía”.

La guerra no sana heridas

Por: Vanessa Valencia Ospina.

Sin embargo, no lograba comprender las preocupaciones de sus habitantes; el miedo a ser desplazados o perder sus tierras. No fue hasta volver a la zona como Comisionada de la Verdad y ver el progreso del municipio cuando comprendió que ese lugar ya no les pertenecía: “Ahora estas tierras ya no son de ellos. Ellos están sirviendo. Quedaron como trabajadores de las tierras que en algún momento eran suyas”. Era otra zona. Las que antes eran carreteras pavimentadas rudimentariamente, ahora son autopistas que alcanzan velocidades impresionantes, había carros y camionetas, cuando antes el transporte estaba a cargo de unos "Jeeps chiquitos". Los grandes cultivos de piña, banano y el hospedaje eran impresionantes “una cosa que uno no se imagina que en el Urabá algún día iba a existir”. Pero ahora los dueños del lugar eran blancos, ‘paisas’, ‘antioqueños’ y “quienes atendían las mesas, el lugar, y barrían y trapeaban: afodescendientes, afrocolombianos, que eran los mismos que en esa época que yo iba, estaban desplazando”. Fue allí cuando reflexionó sobre el verdadero rol del periodista; no solo se trataba de escuchar desde el dolor y las lágrimas, sino sobre lo que realmente sucedía, “porque ellos lo decían era porque los paramilitares seguramente se lo decían”. 

El camino hacia la visibilización de las víctimas en medio de la guerra fue largo. Después de evidenciar el recrudecimiento de la violencia desde 1996, Bibiana viajó a diferentes zonas conflictivas a cubrir “masacres, muertos, asesinatos de líderes políticos, de líderes sociales, de líderes alternativos y masacres de poblaciones enteras”. Según cuenta Mercado, fue tanta la violencia que los corresponsales o enviados especiales eran “insuficientes para cubrir todo lo que había”. Lo hacían desde el foco de la guerrilla de las Farc y el paramilitarismo. Divulgaron sus comunicados y entrevistaron a sus jefes, hasta el momento que Bibiana finalmente se dio cuenta que esa no era la ruta a seguir: “Ya en la última época iba, pero yo estaba asqueada de todos los discursos justificatorios que hacían de la guerra y la verdad comencé como a trabajar mucho con las organizaciones y con las víctimas y a tratar de publicar muchísimo más la voz de organizaciones y de víctimas y a cubrir muy poco y dedicarles muy poco, después de haberles publicado mucho a estos señores, porque me parecía espantoso todo lo que hacían”.

Para Bibiana Mercado los derechos humanos fueron la apertura a su vida laboral, el cubrimiento de sindicatos, fuerzas alternativas y organizaciones defensoras de los derechos humanos estaban a su cargo. Si estaba en la sección Política le tocaba cubrir el Partido Comunista “legal”. En esa época, María Teresa Ronderos, para ese momento editora política en EL TIEMPO, fue una persona determinante para decidir el rumbo que iba a tomar con respecto a su ejercicio laboral, ya que, fue ella la que hizo ver que el cubrimiento iba más allá de las fuentes, se trataba de procesos y sobre todo procesos democráticos de lo que pasaba en los sindicatos, procesos democráticos de los derechos humanos.

“(...) en el Congreso había un debate, en esa época, la desaparición forzada, por ejemplo, no era delito, no estaba tipificada legalmente como delito, entonces en esa tipificación del delito, la ponencia, las contradicciones entre congresistas, lo que iban y decían los defensores de derechos humanos, entonces yo iba al Congreso, no era mi  fuente , pero iba cubrir lo que tenía que ver con desaparición forzada”. Esto hizo entender a Bibiana

que el país no era fuentes individuales, sino procesos que afectan personas y que es necesario mostrarlos. Así que para el momento de las negociaciones en el Caguán fue asignada como corresponsal, su trabajo se intensificó con los comunicados de las Farc y hacía la revisión de material diario, ahí se reflejaba la cantidad de muertos que ellos decían, la parte de guerra que ellos contaban, pero al final siempre había algo que indicara sus ideales y su resistencia, de modo que escribían que “iban a seguir luchando por los derechos del pueblo colombiano no sé qué y que le pedían al gobierno colombiano sí se más”. Leía todo minuciosamente, para no tener ningún mal entendido, debía primero comprender el mensaje que ellos estaban dando, especialmente cuando las negociaciones se veían asfixiadas y todos esperaban que se terminaran; debía analizar el mensaje para saber “si ellos estaban cerrando definitivamente la negociación o no”, muchas veces las Farc se sintió “traicionada” durante las negociaciones, consideraban que había una “serie de manejos ‘oscuros’ ” que entorpecía la continuidad  de los diálogos.

Foto: redes sociales Bibiana Mercado.

Nuevamente, los amplios terrenos del Caguán acogían a otra periodista para realizar el cubrimiento del diálogo entre las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana. Junto con María Luisa Murillo contribuyó al proceso mediante la publicación de varios artículos que “mostraban la complejidad de lo que es un conflicto, no solamente armado, sino social y político”, lo cual acarreó una serie de cuestionamientos entre EL TIEMPO y sus escritos: “Qué éramos lo que nosotras estábamos haciendo en las oficinas de EL TIEMPO y por qué estábamos diciendo eso, y que entonces nosotras estábamos contra la institucionalidad. No, estábamos cubriendo una negociación, y una negociación es entre dos partes y estábamos tratando de explicar lo que decía una parte, a una sociedad que tiene muy poco entendimiento sobre lo que hay detrás de la expresión armada del conflicto”.

Ambas mujeres formaron un vínculo profesional y se ayudaron en las tareas que el periódico les asignaba cuando estuvieron en el Caguán; cuando Bibiana no entendía algún tema en especial, María Luisa la orientaba: “Creo que logramos una muy buena conexión porque ella estaba allá y me comentaba y yo le hacía muchas preguntas”. Su compañerismo perduró hasta el final de las negociaciones y Bibiana, en medio de la desazón por la terminación del diálogo y las posteriores enseñanzas que este le dejó, reflexiona sobre la situación de María Luisa: “Nunca nadie reparó cuáles eran las consecuencias de haber tenido una persona viviendo cuatro años en el Caguán y la verdad sí me parece que profesionalmente tuvo un costo muy alto para ella”.

Mientras se devolvía para Bogotá, las enseñanzas sobre la terminación de las negociaciones aparecían constantemente. Bibiana Mercado consideró que la población civil, que finalmente, era la más afectada por los resultados de los acuerdos en el Caguán fue la que menos se trató de visibilizar. La negociación sucedían solo entre dos partes, gobierno y guerrilla, en la que no se mostró lo que había detrás de la expresión armada del conflicto. También, reconocía que “el periodista puede tramitar las demandas de esas voces, por lo general no incluidas en las agendas periodísticas, y tramitarlas no solamente desde el dolor “aquí está la víctima, esto le pasó” sino desde “quién se está beneficiando de eso que le está pasando, quién, quiénes, qué estructura se beneficia, por qué sucede eso”. Se trata de comprender y tener empatía sobre el dolor de los otros y todas 

esas causas que están detrás como sociedad. Hoy como Comisionada de la Verdad puede evidenciar que las víctimas son las verdaderas protagonistas de este juego de intereses que la guerra ha sostenido por años, porque han existido una serie de conflictos sin trámite democrático en la sociedad, que finalmente: “Produce muertes; produce personas con discapacidad; lisiados; huérfanos; madres sin familia; madres que pierden sus hijos; madres cabeza de familia y desplazados”, esa es la expresión dolorosa de un país entero, la expresión del conflicto. Ahora, Bibiana hace parte del quinto punto del Acuerdo de Paz, el Acuerdo sobre las Víctimas, que solo está dedicado a esas personas que siempre quiso visibilizar y reparar, cumpliéndose a sí misma lo que entiende por ser periodista y es tener “compromiso con corazón”. 

Para saber más de Bibiana Mercado:

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Nosotros las nuevas generaciones 

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Cubrimiento de un sueño nacional llamado paz

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