La selva tiene respuestas

“A mí me dio una enorme posibilidad de conocer quiénes eran las Farc, quiénes eran esas personas que estaban allá negociando, qué o cómo pensaban, por qué justificaban ciertos actos que para nosotros eran y siguen siendo completamente injustificables”.

Por: Sandra Yaneth Mejía Sepúlveda.

Era 1999 y el periódico El Espectador había mandado a unos cuantos periodistas a cubrir los Acuerdos de paz en la zona de distensión. Entre ellos estaba Gloria Castrillón y en medio de la negociación, se creó la Unidad de Paz, un equipo asignado para cubrir varios actores armados y los diálogos. Este proyecto enfocó su desarrollo desde una mirada a los derechos humanos y no ligada a un cubrimiento judicial. 

 

Las Farc tuvieron presencia activa en ese territorio por muchos años, pero fue a partir del gobierno de Andrés Pastrana cuando pudieron apoderarse temporalmente de él, de manera legal. Comprendía un área de 42 mil kilómetros cuadrados, con zonas de  cinco municipios: San Vicente del Caguán, La Macarena, La Uribe, Mesetas y Vista Hermosa, que cedió el gobierno al grupo guerrillero en el Caquetá y el Meta para el desarrollo de  las negociaciones de paz. En las rutinas de los periodistas predominaba la atención a cualquier noticia que las Farc o el Gobierno pudiese dar. En un principio, antes de crearse la sede 

principal en la que permanecían las Farc conocida como ‘Los pozos’, existía otra zona vigilada intensamente por el grupo guerrillero llamada ‘La Vara’, lugar en el que brindaban toda la información a los periodistas, nombre que adquirió por la división de una vara de palo que impedía el paso no autorizado en aquella zona. Gloria pasaba largos ratos junto a los periodistas de otros medios esperando, en carros alquilados, una confirmación para entrar, un proceso que veía “inocuo”, era allí donde se conseguían las noticias. Además de ese lugar, las Farc también se habían apoderado de la Casa de Cultura del Caguán, ubicada en la vía central del pueblo, la hicieron su oficina. En ese lugar, cuenta Gloria, había un individuo que se comunicaba por radio con los campamentos guerrilleros, allí mismo, los periodistas iban a pedir las citas para luego subir a ‘La Vara’ y cubrir las novedades. Tiempo después, se crea la sede ‘Los Pozos’, unas casas en mejores condiciones, que les posibilitaba, no solo cubrir noticias, sino que les brindaba la comodidad de comer y mandar las notas a los medios.

Foto: El Espectador.

Estos acontecimientos desencadenaron varios momentos, entre ellos, lo que Gloria vio como una posibilidad para saber quiénes eran estas personas detrás de la ropa militar y las armas. Podía disponer de tiempo para dialogar con ellos, con un tinto o vaso de agua en la mano, sobre sus acciones, sus intenciones, sus realidades; sobre qué pasaba por su cabeza, sin alguna presión o busca de datos noticiosos, solo conversar “ (...) como seres humanos frente a frente. ¿De no entiendo?, ¿por qué secuestran niños?, ¿cuál es el sentido de secuestrar niños? o ¿por qué ustedes hacen unas tomas guerrilleras a los pueblos donde acaban con medio pueblo para hacer algún tipo de afectación a una estación de policía?” Ella se dio la oportunidad de tener otras visiones, que también trajeron consigo muchos malentendidos, gente a su alrededor llegó a creer que esta cercanía era extraña; a calificarla como “guerrillera”, concepciones que cree que hasta el día de hoy son vigentes, “pues hacen parte de la polarización y simpatización”. No obstante, dentro de los aspectos positivos, recuerda una tienda ‘fariana’, que describe con dos palitos; parecía un cambuche pequeño. En ese lugar se vendía literatura producida por los mismos combatientes, en varias ocasiones se acercó a esas tiendas con historias realizadas durante la vida guerrillera, leía muchos de esos libros durante esos ‘tiempos muertos’ en los que abundaban las largas y extenuantes esperas “ (...) debajo de un quiosco con mucho calor. Lo máximo que tenías era agua, un cigarrillo, un tinto y ya”.

 

De la misma manera transcurrían todos los días; una rutina que Gloria denominaba a su vez como "aburridora". Cuando había noticias, corrían por la 'chiva', se enviaba a los medios, se bajaba por la carretera llena de polvo, y se dirigían a sus casas a descansar; a esperar el día siguiente. Esta misma cotidianidad una y otra vez. A pesar de ello, Gloria lo recuerda como una vivencia enriquecedora en donde pudo conocer varias realidades, explica que los periodistas tienen la tarea de indagar, analizar y exponer todo tipo de complejidades que nacen a raíz de los eventos ocasionados por actores armados, “(..) porque una guerra no se hace con buenos y malos, sino con seres humanos que toman decisiones que muchas veces son erradas, pero también son seres humanos que tienen familias, que fueron niños también y que muchas veces antes de ser victimarios fueron víctimas y no podemos desconocer esa condición. También se debe reconocer que las víctimas pueden actuar de manera incorrecta de tal manera que pueden exponer sus vidas, es decir, la guerra no se explica con extremos de buenos y malos o blanco y negro, sino que hay muchos matices y esa es la obligación de los periodistas”, concluye.

Para saber más de Gloria Castrillón:

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