Liliana

        Toro

Inicia su carrera de comunicación social en 1982. Cuando se encontraba en su último semestre, en la Universidad Externado de Colombia, realizó su práctica en el periódico El Espectador con enfoque en la prensa escrita, fue allí donde Liliana se da cuenta que no es lo suyo, ya que, duraba horas frente al computador tratando de escribir una crónica o una noticia, mientras que en la universidad era la fotógrafa de la facultad. Tras finalizar su práctica su padre la llamó para comentarle sobre un trabajo: “Mira, ‘Monita’, andate a Cali que hay un trabajo de periodismo gráfico, que es lo que a vos te gusta” y colgó, así que Liliana compró el pasaje y emprendió el viaje hacia Cali. Era joven y arriesgada, pero sobre todo, una apasionada de la fotografía. Se presentó ante el director del periódico El Pueblo, Luis Hernando Londoño, que finalmente le dijo: “Bueno, la contratamos, desde mañana usted es la reportera gráfica del periódico El Pueblo, en Bogotá”.

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La vida en fotografías

Por: Vanessa Valencia Ospina.

Durante veinte años cubrió la guerra, el deporte y la política colombiana con su lente, esa fue su vida: sábados, domingos y días de fiesta. Fue precisamente en esta época llena de sangre y violencia donde el narcotráfico, las bombas, las masacres, muertes de magistrados y fiscales manchaban las primeras planas de los periódicos. Vio mucha muerte y siente que “el momento más duro del país fue hace unos veinte años, me tocó a mí”. Compartió con las mujeres que pertenecían a la línea del grupo subversivo EPL, estuvo cinco días en el monte con ellos, “cuando los guerrilleros respetaban mucho a la prensa”, cuenta Liliana. Allí pasó un susto cuando hubo una advertencia de invasión de militares en el cambuche y tuvo que salir con sus compañeros a caballo, logró camuflar su material y conservarlo, lo que no consiguieron algunos de sus compañeros.

 

Cubrió la toma del Palacio de Justicia, también fue a la cárcel ‘La Catedral’ de Medellín y en 1999 consiguió el premio Simón Bolívar con el El Espectador por el mejor cubrimiento del terremoto de Armenia, fue justo después de ese cubrimiento que El Espectador fue vendido al grupo empresarial Bavaria y junto con trescientos periodistas más, fue despedida. Sin embargo, su amiga Pilar Luna, por ese entonces la subdirectora de la revista Fucsia le ofreció un trabajo como fotógrafa de la sección social y dice que para ella “eso fue como si me hubiesen clavado una puñalada. La odiaba con todo mi corazón”, refiriéndose a la fotografía social. Sin embargo, con su vigorosa personalidad, aceptó y durante diecinueve años se dedicó a ello y a la fotografía de moda. 

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Liliana Toro

Su último trabajo fue en la Editorial Planeta como fotógrafa de los escritores vinculados a la editorial que están próximos a sacar a la venta sus libros, entre los que se encuentra el exministro de Salud y ahora rector  de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria; el ya fallecido magistrado Carlos Gaviria y la escritora Diana López Zuleta, a la que fotografió por su libro Lo que el desierto me dejó, también se dedica a la digitalización de los negativos de sus fotografías, incluso ella desconoce alguna parte de su trabajo, ya que en los afanes de la impresión, tiempo atrás, únicamente podía revelar aquello que haría parte del periódico, aún encuentra sorpresas de su trabajo del pasado, con este archivo tiene la idea de hacer un libro con todos los personajes que pasaron por su lente y en este mismo trayecto quiere realizar una exposición de su trabajo; se encuentra “contenta y encarretada” con su proyecto. 

 

Para Liliana en la reportería gráfica es importante estar actualizado en cuanto a los hechos noticiosos, sobre todo, por el reconocimiento de los personajes que se cubren, esa es una manera para lograr una buena foto: “Por ejemplo, hay dos personajes que están peleando, y si tú no sabes que ellos dos no están bien y llegas al Congreso, por decir algo, y se encuentran, y se dan la mano, y a ti te pareció lo más normal del mundo y no tomaste la foto, quedamos en las mismas”. Esta mujer define su labor de reportería gráfica como felicidad. 

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