Una guerra en medio de la ciudad

Toma del Palacio de Justicia

 

Cuerpos incinerados, civiles, militantes desaparecidos e incertidumbre, el seis y siete de noviembre de 1985, el país experimentó un hecho histórico. El grupo guerrillero M-19, se tomó el Palacio de Justicia en Bogotá. El acontecimiento duró dos largos días que, según el Centro de Memoria Histórica, dejó un total de 111 fallecidos, “entre magistrados, funcionarios, civiles, guerrilleros, uniformados; también 11 personas fueron desaparecidas”.

 

En medio del desorden hubo periodistas que se arriesgaron para cubrir la toma y retoma del Palacio e informar sobre aquello que nadie más veía. Entre ellas estuvieron Julia Navarrete, Liliana Toro y Olga Behar. Así se vivió el cubrimiento periodístico de este hecho que marcó un antes y después para los colombianos. 

 

Para aquel entonces, Julia Navarrete se perfilaba como periodista judicial, trabajaba para Caracol Radio en Alerta Bogotá. Cubría diariamente la Procuraduría, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. Todas, ubicadas en la Plaza de Bolívar de la capital colombiana. Ese seis de noviembre parecía ser igual que todos los días, mientras entre colegas se distribuían las fuentes a cubrir, Julia le propuso a su compañero Álvaro Almanza ir al Palacio de Justicia, ya que se especulaba que habría una Sala en la que se iba a discutir sobre narcotráfico en Colombia, pero era mentira. A eso de las diez de la mañana, le dijo que se quedara esperando en la Corte “a ver qué salía”, pero mientras se despedían en la entrada del Palacio comenzó la toma. En ese momento Julia pensó “se tomaron el Palacio”. Salió corriendo hacia el Congreso de la República a buscar algún teléfono para comunicarse con Caracol. Cuando logró llamar a la radio informó sin dudar sobre lo que estaba sucediendo. Su jefe le preguntó “¿quién se lo tomó?”, a lo que Julia respondió: “El M-19”.

Una toma anunciada

Entre la conmoción que había generado el suceso, Olga Behar, periodista del Noticiero 24 Horas, para ese entonces, recibió una llamada de su jefe Mauricio Gómez, suspendiéndole la licencia que le había otorgado para promocionar su libro Las Guerras de la Paz, por la toma del Palacio por parte del grupo guerrillero

M-19. El trabajo de Olga se enfocó en informar, desde el noticiero, todo lo que sucedía en el Palacio de Justicia.


Ese mismo día, Liliana Toro, trabajaba como fotógrafa para la revista Hoy por Hoy, recibió la noticia mientras revelaba algunos rollos en el laboratorio, ahí le avisaron sobre lo que sucedía en el centro de Bogotá. Tomó su equipo, una Nikon F3, y salió rápidamente de la revista hacia la Plaza de Bolívar. Llevaba cuatro años como reportera gráfica. Arribó a la calle 19 con carrera séptima, tuvo que caminar las cuadras que le quedaban para llegar al Palacio, no permitían el paso; entró a un edificio y desde allí logró capturar el acontecimiento, “estuve ahí durante muchas horas, se empezó a desarrollar muchísimas cosas. Empezaron a matar a los porteros por el lado del edificio de atrás; empezó la toma dura. Por el otro lado estaba la parte del frente del Palacio, yo estaba por atrás”.

Liliana Toro

Foto: archivo de Liliana Toro.

 

Algunas semanas antes de la toma, Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia, les comentó a algunos periodistas cercanos el plan de la guerrilla urbana del M-19 para tomarse el Palacio de Justicia. Incluso, meses antes del suceso, dos militantes fueron capturados con planos del edificio. “Entonces que la Policía y el Ejército pusieron, por ejemplo, (...) unas máquinas especiales para identificar las armas a la entrada, que después se supo el día de la toma del Palacio de Justicia, no estaban, las quitaron unos días antes”, comenta Julia con tono inquisitivo. 

La operación denominada entre el grupo como “Acción grande” y oficialmente llamada 'Operación Antonio Nariño por los derechos del hombre', consistía en la irrupción en el lugar, el bloqueo de las entradas principales y los primeros pisos del Palacio de Justicia por los guerrilleros, como escarmiento por los pasados episodios de violencia contra el M-19, después de firmar el acuerdo y romper la tregua. Sin embargo, todo se malinterpretó para que finalmente se dijera que el M-19 había roto la tregua. 

Olga Behar trabajó por cinco años en el cubrimiento periodístico del orden público, en los que se veía involucrado el conflicto entre el M-19 y el Estado. Para aquel tiempo se había investigado sobre la historia, la estructura que formaba y desarrollaba el M-19. Además, afirma que había un rumor que se expandía tanto en las salas de redacción, como en el país y era que “después de la ruptura del Proceso de Paz se decía que se estaba preparando  

una operación grande, mucha gente pensaba que podía ser alguna acción en el Congreso que regularía aquella época de la revolución del frente guerrillero (...) la verdad es que a nadie se le ocurrió pensar que podía ser algo que tienen ningún tipo de explicación para los periodistas que lo cubríamos”, concluye Olga. 

Así mismo, Behar, en su libro Noches de Humo, cuenta que la idea fue de Álvaro Fayad, alias 'El Turco'. Este militante del

M-19 fue el responsable de orquestar, durante más de seis meses, gran parte de la toma del Palacio de Justicia, así como reunir a los hombres y mujeres que lo acompañarían; establecer un centro de operaciones y calcular junto con Jaime Bateman, Guillermo Elvencio Ruíz, Iván Marino Ospina, Luis Otero, Andrés Almanares, Alfonso Jacquin, Clara Helena Enciso, Afranio Parra, Gustavo Arias Londoño, Irma Franco, Elmer Martín, entre otros, este enfrentamiento entre la guerrilla y el Ejército. 

 

Tanto Julia Navarrete como Liliana Toro concuerdan que la toma fue un hecho anunciado, “para mí fue una toma anunciada que el Gobierno dejó que lo hicieran para darle una lección al M-19, eso fue lo que sucedió”, explica Liliana. Así mismo, instituciones como las Fuerzas Militares y la Sijín conocían el plan que, mediante mensajes anónimos, se iba a llevar a cabo en el Palacio de Justicia, como lo relató la Comisión de la Verdad en el 2010.

Las primeras horas: tanque cascabel

“El M-19 se acaba de tomar el Palacio de Justicia y efectivamente, comenzaron a llegar todos los soldaditos de la Guardia Presidencial, tanques, todo empezó a militarizarse de inmediato. Hacia las once de la mañana hubo el primer muerto, a la entrada de la Corte, que era un hombre de seguridad”, así relata Julia los primeros momentos que vivió en este hecho histórico. Se sentía con todas las facultades para narrar minuto a minuto lo que evidenciaba afuera del Palacio. Sobre el mediodía llegó el tanque cascabel a la Plaza de Bolívar, con la intención de empezar la retoma por parte del Ejército,

“Yo me pasé entre las balas para llegar a la puerta del Palacio”, cuando estaban sacando la gente, ella grabó, pero le quitaron a la fuerza lo que tenía, 'comenzó la fiesta en el Palacio' "

es decir, iniciaron los bombardeos, comenta Julia. Fue en ese momento en el que tuvo que buscar un refugio. Veía que sacaban a rehenes del Palacio y los metían a La Casa del Florero, eran los de la cafetería, ella los conocía por las tantas veces que frecuentó el lugar. A la gente la identificaban con fotos en mano y los hacían subir al segundo piso, ella alegaba que era periodista, que la dejaran salir y finalmente lo logró con su grabadora, pero sin su cassette. Se fue hasta la séptima con uno de sus colegas, Ignacio Gómez, nuevamente se escuchaba una balacera. Además, también evidenció cómo la Cruz Roja no podía entrar. 

 

Liliana Toro, a unas calles de Julia, se refugiaba en un edificio, donde logró capturar el momento de la entrada del tanque al Palacio, “es que fue violada la justicia, una cosa así de meterse un tanque de guerra a la puerta del Palacio de Justicia y coger y entrar así (...) eso fue muy fuerte”, empezaron a explotar cosas contra las paredes. En ese momento ambas periodistas llegaron a una misma conjetura: “eso es una guerra en medio de una ciudad”.

 

La llamada que nadie recibió

Pasadas las dos de la tarde, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, hizo una llamada al Presidente de la República, era una petición del cese al fuego, las cosas se habían salido de las manos de todos los presentes, como lo expresa Olga Behar, en su libro Noches de Humo: “Oiga, es increíble. Habla Alfonso Jacquin, el segundo al mando de este operativo. El Presidente de la República no le ha pasado al teléfono al Presidente de la Corte y se va a morir porque el Presidente de la República ni siquiera, con su poder jurisdiccional… Es increíble. El M-19 no es el que se ha tomado el Palacio de Justicia, se lo tomó los tanques del ejército. Es increíble, el ejército entró con sus tanques y aquí están sonando los tiros. Cuando entren a este piso nos morimos todos, sépalo”. Una llamada con voz angustiante y suplicante que conmocionó a un país no obtuvo respuesta, pero a las tres de la tarde, cuarenta personas eran evacuadas, como se narra en el libro Noches de Humo, en el que también se dice que el Presidente de la República, Belisario Betancur, tuvo una conversación con el general Vargas Villegas, en la que aclaró que no quería negociar y la decisión ya estaba tomada.

Cuenta regresiva: cinco de la tarde

Dieron las cinco de la tarde cuando Liliana llevaba horas en el mismo edificio. Por cuestiones de seguridad la gente empezó a salir de ahí, ella avanzó hacia la Plaza de Bolívar, hasta que finalmente llegó a La Casa del Florero. A esa misma hora el coronel Luis Alfonso Plazas Vega llamó a los periodistas con el afán de inculpar al M-19 por el incendio: “Mire, esos facinerosos, están incendiando el Palacio”. Pero lo que veían no era eso, el incendio se  inicia en el primer piso, pero todos se encontraban atrincherados en el tercer y cuarto piso desde el inicio de la retoma cuando entró el primer tanque, para Julia Navarrete había razones para que fuera el Ejército quien iniciara esta acción: había expedientes de militares a los que el Consejo de Estado había condenado por torturas.

 
 

Cae la noche en la Plaza de Bolívar

 

A las siete de la noche un rocket hizo un agujero en la mitad del Palacio, había balas por todas partes, “no respetaban a nadie”, explica Julia. En ese momento los periodistas subieron al segundo piso de La Casa del Florero, sin embargo, ella logró meterse “a una casita”, que era un pequeño local de artículos religiosos, en donde pasaría la noche junto a dos adultos mayores que se encontraban temerosos, a la espera de un auxilio para huir del caos, en repetidas ocasiones pidieron a Julia llamar a la Cruz Roja, a lo que no atendió, porque “a mí me convenía estar ahí, porque yo tenía una vista espectacular, yo veía los helicópteros que llegaban, la gente que dejaban, entonces, yo comencé a transmitir, llamé al noticiero y les dije: “Tengo una vista espectacular aquí”, cuando eso no habían celulares, entonces ellos tenían teléfono y yo  cogí el teléfono y le dije a mi jefe: “Yo desde aquí veo que está llegando un general, ta, ta, ta, desde aquí”. Mientras tanto Liliana había logrado salir de La Casa de Florero, junto con su compañera. Pasaron mucho tiempo en la calle Once, allí sacó su cámara y tomó unas fotos. Le dijeron que no podía hacer eso, en esas fotos se evidenciaba agresión a la prensa, así que dos policías las sacaron y no lograron pasar la noche frente al Palacio. 

A las ocho y media la Ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, impidió la transmisión de lo ocurrido en la Plaza de Bolívar, “dijo que los periodistas estábamos avisando a los guerrilleros, pues, así parecía y no era así, lo que pasa es que uno estaba cumpliendo con su labor de periodista y estaba informando. Entonces eso fue cuando suspendieron la transmisión y pusieron un partido de fútbol, que a todo mundo le pareció terrible, porque ellos aprovecharon para que nadie supiera qué estaba pasando en el Palacio de Justicia”, cuenta Julia sobre esa noche que pasó en vela. Liliana aún tiene dudas sobre lo que se interpretó sobre esa noche: “Uno (...) no sabe si la gente entendió: primero lo que estaba pasando, y segundo, le dan pan y

circo a todo el mundo, entonces pusieron un partido y distrajeron a todo el mundo, las enseñanzas de pronto cuáles serían, pues que la guerrilla quería hacer sus propuestas y de pronto que fueran escuchados, por eso Belisario después estuvo como en un proceso de paz”. 

La noche para Julia fue muy larga, con la constante súplica de los dueños del local, que se metían debajo de las sillas cada que estallaba un rocket, porque “se caían las vírgenes, todas esas cosas que eran como de cerámica, hubo un ‘rompezón’ de todo, entonces (...) claro, cómo estarían estos dos señores, ellos estaban todo el tiempo rezando a mi Dios que no les fuera a pasar nada”. Pasaron la noche a punta de aguapanela, hecha en una estufita eléctrica que había en el local. Se la pasó de entrada por salida, donde observaba lo que sucedía en el Palacio y refugiándose nuevamente, porque cualquier roca podía caerle encima.

Ministra de Comunicaciones (1985)

Noemí Sanín

Partido de fútbol

Millonarios vs. Unión Magdalena

Segundo día de la retoma

 

El siete de noviembre al mediodía, después de veintisiete horas de la toma y la retoma del Palacio, Julia salió del local y llamó a la Cruz Roja y a Caracol para pasar la grabación. Todo estaba desordenado, llegaban carros, ambulancias, paramédicos sacaban gente y subían y bajaban por la Séptima del centro de la ciudad. Luego se dirigió a La Casa del Florero con los demás periodistas que ya se encontraban en el primer piso, allí se reunió con otro periodista de Caracol, Rodrigo Barrera, ambos se subieron al antejardín en donde podían ver quiénes salían de Palacio. Otros periodistas, como Ignacio Gómez de El Siglo y Héctor Hernández de El Espectador también cubrían Cortes y reconocían a los magistrados, sabían quién era quién, Julia cuenta que: “Sacaron al magistrado Murcia Ballén, que él tenía una prótesis y claro, se le cayó la prótesis y todo mundo decía: “Claro, ahí salió un magistrado y le volaron la pierna”, y nosotros: “No, no, es que él tenía una prótesis” y de la misma

manera avisaron con cada persona que reconocían, “nosotros decíamos: ‘Ahí salió el magistrado tal y tal’ gritábamos cuando salió Orlando, ‘no, él es de la Corte, no se lo lleven’, o sea, uno iba avisando e identificando y en medio de ese desorden a todos no los podíamos ver (…) Es que el desorden era terrible”. Muchas personas fueron acusadas de guerrilleros siendo rehenes. 

Liliana volvió al día siguiente, y vio que “ya empiezan a sacar como a toda la gente, se empiezan a alborotar las cosas y nos sitúan en La Casa del Florero, que era en la esquinita también de la calle once, donde está la Catedral Primada y ahí empieza como a desarrollarse el final del Palacio, ese final ya de la toma, salen muchos guerrilleros que después nunca se encontraron, fueron desaparecidos, (...) hay (..) mucha gente que tampoco la encontraron”.

Lo que quedó del Palacio

Ese mismo día a las siete de la noche, cuando terminó la retoma y ya habían sacado a los heridos, una de las fuentes de Julia, un capitán, le dijo: “Véngase, la dejo entrar”, allí logró hacer un informe entre el llanto, y afirma que “esto parece la Segunda Guerra Mundial”. Vio todo destruído, incinerado, había cuerpos mutilados en la plazoleta y los del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) y la Policía investigaban si aún habían explosivos. La sacaron de allí y comenzó a narrar al aire todavía con lágrimas, recordar a los magistrados y la amistad que había logrado conciliar en los cinco años que cubrió las Cortes. Estaba dolida por ver cómo estaba el Palacio. Julia lo describe como una estructura divina, con pisos de madera espectacular, que se había hecho en los años anteriores “ y tenía una cosa como de patrimonio nacional porque era muy lindo”. Al ver la cafetería nuevamente, después de los hechos le permitió aclarar, como testigo ocular, que ese lugar estaba intacto, no tenía ni una bala, por lo que pensó que a todos los trabajadores de la cafetería se los habían llevado, “porque los muchachos que trabajaban allá tenían pinta como de ser del campo, tenían pinta de pronto de 'guerrilleros', y se los llevaron por eso… Y yo encontré los papeles de una chica, Clara, (...) yo encontré los papeles de ella, o sea que se la llevaron, eso fue uno de mis testimonios. Estaban tirados el bolso, con los papeles de ellas, pero no había cuerpos, ni nada en la cafetería”.

 

Foto: archivo de Liliana Toro.

¿Qué fue de los sobrevivientes del Movimiento 19 de abril?

 

El camino hacia la realización de Noches de Humo fue largo para Olga Behar. Días posteriores a la toma, recibió una visita de dos militantes del M-19, quienes la llevaron hasta el suroccidente de Bogotá y la pusieron de frente con Clara Helena Enciso; ‘Claudia’, una de las sobrevivientes del grupo guerrillero. “Para mí fue una sorpresa gigante, ¿cómo así hay una guerrillera viva? Se logró salir del Palacio y se mezcló en una fila de mujeres que fueron liberadas y logró escaparse y ella estuvo ahí y estuvo en el baño de la muerte, (...) ese baño de la escena final de las últimas cuatro o cinco horas de la toma que van desde las 7 u 8 de la mañana hasta el desenlace final, era el último reducto y (...) ella estuvo con Andrés Almarales hasta el final”. Era una fuente valiosa de información y Olga la abrazó cuando salió del cuarto donde se encontraba, aún conmocionada y asustada:

 

“Le dije: tranquila, no se preocupe, vamos a conversar, yo simplemente quiero conversar con usted, no le voy hacer una entrevista formal pregunta - respuesta de un personaje, yo quiero que conversemos”, relata Olga, sin embargo, notaba que la actitud de ‘Claudia’ seguía atada a lo sucedido en el Palacio: “Ella me pudo describir muy poco, 'yo no entiendo por qué estoy viva si ‘Memo’ murió', cosas de ese estilo, no recordaba, estaba muy bloqueada, muy bloqueada y después de unos cuatro o cinco minutos de haber estado hablando con ella, yo le dije 'Claudia, déjeme yo voy hablar con los muchachos un momento, ya vengo', entonces yo salí y le les dije: 'Muchachos ella no necesita un periodista, ella necesita un psiquiatra' ”. A partir de ese momento, Olga comenzaría con la producción de Noches de 

Humo, en primer lugar, distanciada de Colombia, ya que se encontraba en México, y en segundo lugar, impulsada por Eduardo Galeano para narrar la verdad de lo sucedido. Comenzó por localizar a ‘Claudia, la mona’. “Estuve viviendo con ella un mes, estaba obviamente en condiciones emocionales mucho mejores, tenía una capacidad de recuerdo inmensa, y ella misma me dijo: “para mí es una buena catarsis contar todo esto, que todo esto se sepa”, explica Olga. Se reunía con ella en pequeñas sesiones de una o dos horas cada semana y la entrevistaba de manera que ‘Claudia’ podía darle rienda suelta a sus recuerdos. Así mismo, consiguió fuentes oficiales como la historia de Alfonso Reyes Echandía a través de su hijo Yesid. Logró relatar la historia de ‘Rambo Criollo’, un civil que colaboró con el Ejército y la Policía aquel 6 de noviembre y puedo narrar con detalle las rutinas del M-19 antes del asalto y la forma en cómo se planeó y ejecutó la toma del Palacio de Justicia. 

 

Después de más de 30 años, se han producido diferentes producciones e investigaciones para determinar la verdad sobre lo sucedido, sin embargo, Olga Behar aún se sostiene en su visión de la guerrilla urbana: “Yo creo que ellos eran unos militantes muy bien estructurados dentro de la organización, no en vano fueron escogidos para entrar al Palacio, (...) ‘Elvencio’ era un hombre muy formado militarmente, políticamente también, ‘Claudia’ era una chica que había llegado al M-19 en una combinación de amor por la patria y amor por un hombre y bueno, luchó hasta que logró estar adentro, no solamente porque no quería separarse de ‘Memo’, sino porque creía en los ideales, eso es algo incuestionable”.

El país después de la toma

Liliana Toro
 

Una semana después, el 13 de noviembre, Colombia se despertaría con la noticia de que Armero, municipio del departamento del Tolima, había desaparecido entre el lodo y las rocas. Olga recuerda el suceso como “una situación muy desesperada para cualquiera que tuviera una mínima fibra de sensibilidad, y para los periodistas fue terrible, fue espantoso”. Este fatal acontecimiento de la naturaleza puso a Colombia en lo que Olga define como un “duelo nacional terrible”. El país no terminaba de procesar lo ocurrido en el Palacio de Justicia para que sucediera la tragedia de Armero “que dejó aproximadamente entre 25 y 30 mil muertos, todavía no hay una cifra oficial definitiva de eso”. Para Julia también significó una lección entre las tragedias que habían ocurrido en Colombia, por un lado “lo del Palacio fue una cosa del hombre y lo del Armero fue una cosa de la naturaleza, fueron dos retos completamente diferentes”. 

Foto: archivo de Liliana Toro.

Los juicios

 

Los cassettes en los que Julia tenía de las grabaciones de la noche del robo tuvo que entregarlos a la Policía, fueron hasta el noticiero por ellos, quería hacer resistencia “porque mejor dicho ese era un cassette para la historia”, sin embargo, Yamit Amad, su jefe, le dijo que era lo mejor, así se evitarían un allanamiento y futuros problemas. No alcanzó a hacer una copia.

En 1986 se hace el primer tribunal sobre el Palacio de Justicia, para ello llaman a Julia y a todos los que cubrieron el hecho, sin embargo, por su testimonio Julia, tuvo un segundo llamado de la Procuraduría, porque había dicho que la toma estaba anunciada desde una semana antes y otros medios no hablaron sobre estos antecedentes, nadie le creía, según cuenta. Otros decían que se había realizado con el fin de matar a un magistrado, pero Julia sostenía su palabra sobre lo que el expresidente le había comentado a ellos días antes sobre la posible toma. 

Según la revista Semana, citada en el portal 'VerdadAbierta.com', había 14 folios con la fecha del primero de agosto de 1989 donde se detallaban las torturas a los desaparecidos del Palacio; este archivo se recupera en el año 2005, cuando la fiscal Ángela María Buitrago recibe la investigación el 25 de noviembre de ese año, además, recopiló videos y audios que hicieron posible reabrir la investigación en el 2006, bajo la orden del Fiscal General de la Nación, Mario Iguarán.  Además, una entrevista del expresidente Belisario Betancur fue el detonante de Iguarán: “Belisario Betancur dijo en una entrevista, que contaría lo que había pasado en el Palacio de Justicia, entonces el doctor 

Iguarán dijo: ‘¿cómo así que algún día? Tiene que contar eso

ahora’, y reabrió la investigación y llamó a declarar”, Julia consiguió esa chiva. 

Ella no se quedó alejada del Palacio, continuó inmersa en la noticia y logró obtener muchos testimonios dentro de la investigación, “en la declaración que dio el expresidente Betancur, que filtré, él aceptó que él sí sabía que habían sacado guerrilleros vivos. Eso sí lo aceptó él y prácticamente lo que pasa es que a él se le dio un minigolpe de Estado, porque a él no lo dejaron funcionar como presidente, los que tomaron todas las decisiones fueron los militares”, explica Julia.


La Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, condenó al Estado colombiano en el año 2014 por el modus operandi que tuvieron los militares con las personas consideradas sospechosas, por su tortura y desaparición. Como resultado, el exgeneral Jesús Armando Arias y el excoronel Alfonso Plaza Vega fueron encarcelados, lo que no sucedió en el año 2007, cuando Plazas fue detenido. Esta misma Corte tomó como verídico el testimonio que da la periodista Julia Navarrete, según la Resolución del presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 16 de octubre de 2013, caso Rodríguez Vera y otros vs. Colombia, aunque el Estado colombiano pidió que no se tuviera en cuenta por que los hechos fueron “previamente informados a la opinión pública”, pero no se tuvo en cuenta su profesión, sino que se tomó como testigo del proceso que presenció personalmente. (Este testimonio se encuentra en: expediente de fondo, TOMO III, folios 781, 783, 798, 841, 936 y 982).

¿Pudieron haber hecho más?

 

Han pasado 35 años desde que ocurrió lo que muchos llamaron ‘una guerra en la ciudad’, y para quienes lo vivieron es un fuerte acontecimiento en la historia colombiana. Julia jamás pensó encontrarse con una realidad así, “ver tanta persona muerta por culpa del hombre”, además de tener un triste recuerdo en su memoria. Ese día perdieron la vida muchas personas de su cercanía. Trae a su mente a asistentes de Echandía, a secretarias y demás miembros que conocía, así mismo, luego de tanto tiempo, se enteró que “los militares cogieron los bolsos de las personas que habían muerto y también les saquearon la plata y todo lo que había y eso tampoco se dijo en su momento”.

 

De esta misma manera, Liliana reflexiona sobre lo ocurrido. Desde una perspectiva profesional comprende que todo ello era muy nuevo en su experiencia, pero le ayudó a quitarse varios temores siendo tan joven, a pesar de que la noticia no era fácil en ningún sentido. “Yo pienso que la toma del Palacio de Justicia fue una cosas muy bien craneana por ellos, realmente el M-19 cuando hacía alguna toma o algún acto, lo hacía con un segundo mensaje, yo pienso que siempre caracterizó algo del M-19 era que eran muy inteligentes, daban unos golpes impresionantes”, enfatiza. Además, tiempo después, ella  se encargó de fotografiar y exponer algunos momentos en memoria de las víctimas, a pesar del perseguimiento y hostigamiento que uno de los miembros de la Policía perpetuó en su contra durante un mes posterior a la toma. 

 

Por su parte Olga emprendió una ruta distinta para librarse de la censura y autocensura que vivió durante su estadía en el Noticiero 24 horas. Su jefe no se lo impidió y así fue cómo comenzó a construir una perspectiva diferente de los ocurrido el 6 y 7 de noviembre de 1985. Experiencias que la ayudaron, finalmente, a reconocer la acción del grupo armado por su buena estructuración. Con el tiempo surgieron todo tipo de versiones y especulaciones acerca de lo sucedido, “incluso una versión, según la cual en el último momento del comandante del M-19, Álvaro Fayad, intentó parar la operación pero aparentemente ya no era posible, él estaba metido en el monte y hay rumores que dicen que envió el mensaje a uno de los organizadores que vive

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todavía y que él no atendió las indicaciones de su comandante general y terminaron haciendo la acción”. Entre estas, se

desprendieron numerosas explicaciones e interpretaciones que no fueron aclaradas, y que todavía son investigadas, como que el gobierno de Belisario Betancur sabía lo de la toma y que todo ello había sido planeado o que “los mismos militares para quitar todos los documentos que había contra ellos”, y hasta  quemaron los expedientes del primer piso como opina Julia.

 

Olga hace énfasis en que el hecho ha sido distorsionado de muchas maneras, y que el Estado tuvo la intención de que fuese así. 

“Eso fue una masacre la verdad, no solamente eso, sino que hubo desaparecidos y hubo manipulación de la escena del crimen. Hubo toda una serie de irregularidades y de delitos que todavía están impunes desafortunadamente”.

Sin embargo, cree que cada vez están más cerca la verdad. El cubrimiento realizado por estas tres mujeres sirvió, entre otras, para conservar los  testimonios de las víctimas, aportar a la construcción de memoria histórica, esclarecer los hechos y entregarle la verdad a un país que vio un partido en lugar de evidenciar lo que sucedía en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Para, finalmente, cumplir con una labor humanitaria y periodística con las familias, los desaparecidos y la libertad de prensa. 

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Por: redacción 'Así lo vivimos'.